Depresión

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Depresión

Es importante diferenciar depresión de tristeza.

La tristeza es un mecanismo de defensa normal de la personalidad, aparece frente a situaciones vividas como pérdidas, muchas veces, incluso los cambios deseados pueden provocar tristeza, pues todo cambio implica la pérdida de una situación anterior.

La persona manifiesta un repliegue emocional, se concentra en los pensamientos vinculados con lo que perdió, aparecen deseos de estar sola y ganas de llorar, entre los síntomas físicos puede aparecer pérdida de apetito, cansancio y trastornos en el sueño.

Esta tristeza no impide continuar con las tareas cotidianas, aunque éstas pueden requerirle mayor esfuerzo.

En este estado emocional se siguen valorando las situaciones que traen bienestar, los proyectos y su autoestima siguen presentes. Por momentos puede olvidarse de su tristeza y disfrutar.

A medida que el duelo se va resolviendo los episodios de bienestar son mayores y los de malestar van disminuyendo.

El estado de tristeza normal se resuelve siempre favorablemente dejando a la persona la sensación de haber aprendido algo que le ha posibilitado tener más madurez y puede volver a reconectarse plenamente con su vida.

Existen diferentes tipos de duelos, según de qué tipo de pérdida se trate y del estado emocional en que se encuentre la persona en ese momento. Los duelos pueden ser normales o patológicos, los patológicos son los que dan origen a las depresiones.

La depresión tiene características similares a la tristeza, pero la autoestima va disminuyendo, los proyectos van desapareciendo y casi no hay posibilidades de disfrute ni de la vida ni de las relaciones personales, los momentos de malestar son cada vez mayores y los de bienestar van disminuyendo.

Aparecen sentimientos de desvalorización personal, baja el nivel de autoestima apareciendo la sensación en quién la padece que es el culpable de todo este malestar y es el responsable por el sufrimiento que le trae a los demás. A nivel de pensamientos, de sentimientos y a nivel vincular se tiende a ver sólo lo negativo, “la botella se ve siempre medio vacía”.

Pueden aparecer pensamientos paranoides, siempre le pasan cosas malas, todo y todos están en su contra. La personalidad está siendo alterada en todas sus manifestaciones y su vida en general afectada, apareciendo día a día más limitaciones. Ha entrado en un círculo vicioso en que el malestar crea más malestar y el deterioro de su personalidad se hace evidente.

Frente a un estado de tristeza que continúa en el tiempo o que se repite periódicamente es conveniente consultar con un profesional de la salud mental para que pueda evaluar  si este síntoma es la manifestación de un mecanismo psicológico adaptativo o sano y no necesita tratamiento psicológico o si por el contrario se observan índices de patología y es necesario tratamiento psicoterapéutico.

En este caso puede indicarse tratamiento farmacológico junto con el psicológico. A medida que la persona vaya activando los funcionamientos sanos de su personalidad las medicinas se irán reduciendo hasta desaparecer.

El tipo de medicinas y el tiempo que se deben tomar tiene que ser indicado por un psiquiatra, el tratamiento psicológico puede ser llevado a cabo por un psiquiatra con formación psicológica o un psicólogo clínico.

Es siempre conveniente que haya un equipo profesional en el cuál un integrante se ocupe de la medicación y el otro del tratamiento psicológico.

Como vimos existen varios tipos de trastornos depresivos que van desde los normales hasta los más graves que pueden desencadenar en suicidio.
Hoy nos ocuparemos de los síntomas del TRASTORNO DEPRESIVO MAYOR.
Es importante saber que sus manifestaciones en gravedad y persistencia depende de cada persona.
La sintomatología es intensa y se expresa en una combinación que dificulta el desarrollo de la vida cotidiana.
Suelen presentarse en forma de episodios que duran semanas o meses.

– Dificultad para concentrarse o recordar detalles.
– Incapacidad de tomar decisiones.
– Exceso o pérdida de apetito.
– Cansancio o falta de energía.
– Sentimientos de culpa.
– Pesimismo.
– Tristeza persistente, angustia, sensación de soledad y vacío existencial.
– Insomnio, se despiertan muy temprano o duermen excesivamente.
– Desinterés en pasatiempos o actividades que antes solían disfrutar.
– Desinterés por el aseo personal.
– Desinterés sexual.
– Reacciones desmedidas frente a acontecimientos cotidianos.
– síntomas psicosomáticos como calambres, dolores de cabeza, problemas
digestivos, sin enfermedad física que los provoque.
– Pensamientos o intentos de suicidio.

El tratamiento recomendado es psicoterapéutico y farmacológico y puede ser necesario hospitalización si los síntomas a pesar del tratamiento no disminuyen o si se intensifican.
Si los terapeutas temen intento de suicidio la hospitalización será urgente.

Por |2017-04-20T13:00:36+00:0016 noviembre , 2016|Categorías: Clínica|Sin comentarios

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